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Por: Eduardo Serna
Ante los recientes hechos de violencia provocados por el belicismo rampante de EE. UU. en varios lugares del mundo, no queda otra opción que estar en guardia. Esto es especialmente cierto porque ha amenazado una vez más a México con invadir vía terrestre. Pero la presidenta de México, en su conferencia matutina del día 9 de enero, utilizó eufemismos para atenuar las amenazas ante las tibias preguntas de los compañeros periodistas, y se limitó a decir que pediría explicaciones a través de vías diplomáticas.
Esta táctica política de no ser reactiva le ha funcionado en el pasado, como durante la tormenta de aranceles internacionales firmada por el mandatario estadounidense durante todo el 2025. Pero ahora el panorama es muy diferente; muchas de las acciones recientes, hace un año, serían impensables. La presidenta se queda ya muy corta cuando dice: «Es la manera en la que se expresa el presidente Trump», atenuando los insultos, las descalificaciones y ahora las amenazas abiertas que el mandatario naranja y su gabinete propinan contra México y otros países de Latinoamérica.
Antes, las guerras se emprendían para «liberar» o para «instaurar la democracia»; claro que eran mentiras demagógicas que la propaganda mediática se encargaba de difundir como palabras sacras. «Libertad y democracia» llenaban las bocas de los desinformadores oficiales. No, pero ahora ya se llegó a un punto donde no es necesario mentir. Estamos en ese momento histórico en el que la voracidad del necrocapitalismo se ha liberado de las ataduras de las formas «correctas» de hacer «política internacional». Ha llegado el tiempo de la barbarie, la piratería y el cinismo descarado.
Lo que se describe aquí no son exageraciones de medios alternativos, o posturas ideológicas, sino hechos documentados que la fragmentación informativa impide conectar adecuadamente con la sociedad. El asesinato de Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años, poeta y madre de tres hijos, tiroteada por un agente del ICE en Minneapolis el 8 de enero de 2026, fue «justificado» oficialmente diciendo que «utilizó su auto como arma», mientras organizaciones comunitarias condenaron el asesinato de una ciudadana desarmada, y lo que se logra ver en los videos dista mucho de la mentira oficial.
Los bombardeos en Nigeria del 25 de diciembre de 2025 (día de Navidad), autorizados personalmente por Trump con misiles Tomahawk contra supuestos campamentos del ISIS, violaron la soberanía nigeriana y los protocolos de la Unión Africana, revelando la disposición del imperio a atacar cualquier territorio del planeta sin autorización internacional.
El ataque a Venezuela del 3 de enero de 2026 y el secuestro del presidente Maduro representan el intervencionismo armado más descarado en América Latina desde el siglo XX, donde, más allá de la retórica sobre «democracia», lo que está en juego es el control de recursos y la disputa geopolítica con China y Rusia.
Es la prueba fehaciente de que para el hegemón ya no es necesario un discurso engañoso y formal. Ahora el discurso imperial es: «Quiero el petróleo, quiero el oro, quiero el litio, el agua; dame tu territorio». Y si no les das lo que piden, entra la persuasión bélica: llevan las bombas a tus calles, llevan la guerra a tu puerta. Desde el gobierno de Trump hay permiso para invadir y para matar a quien sea necesario, a quien se oponga, dentro de su propio país o afuera.
Un fenómeno que se debe mencionar y que fue más que evidente durante los días siguientes al ataque a Venezuela, es el de la colonización de la mente. Esta representa otro frente de batalla igualmente crucial: la guerra cognitiva, cuyo instrumento más refinado es la técnica Hasbara (término hebreo que significa «explicación»). Este sistema sofisticado de comunicación gubernamental, perfeccionado por el Estado de Israel y adoptado por el imperio estadounidense, opera mediante principios específicos: la prevención proactiva de narrativas adversas; la multiplicación de voces aparentemente independientes que difunden narrativas imperiales; la fragmentación de la verdad, presentando versiones técnicamente precisas pero selectivamente incompletas; y la inversión del marco moral, que caracteriza cualquier crítica al imperialismo como apoyo a dictadores.
Esta colonización cognitiva es la producción del «sentido común» del capitalismo injerencista: creencias aparentemente obvias que reflejan los intereses de la clase dominante, presentadas como verdades universales. Pero así como el imperialismo tiene sus hasbaristas, los pueblos también tienen formas de resistencia cognitiva. La tradición crítica latinoamericana, desde el pensamiento dependentista hasta la teoría descolonial, ofrece herramientas para descolonizar las mentes. Lo que se requiere es un esfuerzo consciente por recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos, de cuestionar las narrativas dominantes, de conectar los hilos ocultos.
El sistema es insaciable, pero los pueblos también son inagotables en su capacidad de resistir. La guerra cognitiva está en curso y es el campo de batalla donde se ganan y pierden las guerras del siglo XXI antes de que comience un solo disparo. Las bombas que cayeron en Nigeria, los disparos que mataron a Renee Nicole Good en Minneapolis, los soldados que secuestran a Maduro en Caracas; todos estos actos reales y violentos fueron precedidos por años de trabajo cognitivo, la construcción de narrativas que los hicieran «aceptables», la colonización de mentes que los haría «comprensibles», la producción de consentimiento manufacturado que los haría aparecer como «necesarios» o incluso «justos».
Ante este panorama, van quedando muy cortas las actitudes tibias, las actitudes reactivas que traducen, justifican y bajan el tono a los discursos de amenaza e insultos. Llegado el momento, es preferible estar preparado. La unión de los países en Latinoamérica es hoy más que nunca imperante. Demasiado ya se ha perdido, demasiados gobiernos entreguistas han conquistado los enemigos, y el saqueo continuará porque lo cierto es que este sistema es insaciable. Se debe crear un nuevo bloque latinoamericano con reglas y protocolos de defensa; de otra manera, solo resta sentarse a que nos toque el turno del saqueo de la ambición imperial. Cómo siempre le invito a reflexionar y tomar acción