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Guerrero ya decidió: a Morena le toca respetar la encuesta

Las y los seis aspirantes con mayor representatividad llegan con resultados políticos distintos a la recta final del proceso interno morenista, pero Beatriz Mojica ha conseguido mantenerse durante más de cinco meses al frente de las preferencias.

Beatriz Mojica se mantiene al frente de las preferencias en Guerrero, de acuerdo con encuestas realizadas por distintas firmas demoscópicas.

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Acapulco, Guerrero.- A unos días de que Morena defina quién coordinará los trabajos de defensa de la Cuarta Transformación en Guerrero, vale la pena mirar este proceso desde una perspectiva distinta.

Después de meses de recorridos, asambleas, encuentros, adhesiones y mediciones, las y los seis aspirantes con mayor representatividad llegan fortalecidos a la recta final. Cada uno, desde circunstancias y plataformas diferentes, logró construir o reafirmar un capital político que Morena necesitará rumbo a 2027.

Esto importa mucho porque una vez que termine la competencia interna, el desafío ya no será demostrar quién tuvo más estructura, quién realizó más eventos o quién consiguió mayor presencia mediática. El verdadero reto será integrar esas fortalezas alrededor de quien resulte favorecido o favorecida por la voluntad expresada por las y los guerrerenses en las encuestas.

Avances durante el proceso interno

Esthela Damián hizo quizá lo que parecía más difícil.

En apenas cuatro meses y medio consiguió darse a conocer en Guerrero y convertirse en una de las figuras importantes de la conversación sucesoria. Llegó tarde a una competencia en la que otros aspirantes llevaban años recorriendo el estado y, aun así, consiguió posicionar su nombre, construir relaciones y tener presencia en distintas regiones.

No fue suficiente para crecer hasta encabezar las principales preferencias, pero hay que reconocer su logro: en muy poco tiempo construyó un capital político que antes no tenía en Guerrero.

Abelina López Rodríguez confirmó, por su parte, que posee estructura y presencia territorial.

Durante el proceso mostró cercanía con la gente, capacidad de movilización y una base política que trasciende Acapulco. Ha realizado una campaña limpia, sin hacer de la confrontación con sus adversarios el centro de su estrategia, y desarrolló una comunicación mediática efectiva que le permitió mantener presencia en la discusión estatal.

Pablo Amílcar Sandoval se sostuvo sobre una fortaleza distinta: su identidad política dentro del movimiento.

Reivindicó durante todo el proceso su condición de fundador de Morena y mantuvo un discurso identificado con los principios de la Cuarta Transformación. No modificó esa narrativa de acuerdo con las circunstancias ni se apartó del posicionamiento político que ha construido desde los primeros años del movimiento.

Javier Saldaña Almazán optó por la prudencia.

Se mantuvo conciliador, evitó confrontaciones innecesarias y apostó por la unidad. Su principal fortaleza continúa siendo la plataforma universitaria y la extensa red de relaciones sociales y políticas construida alrededor de la Universidad Autónoma de Guerrero. Esa base le permitió mantenerse como uno de los actores relevantes del proceso sin necesidad de asumir una estrategia de confrontación.

Rogelio Ortega Martínez también obtuvo una ganancia política importante.

Once años después de haber sido gobernador interino de Guerrero, logró recuperar presencia mediante asambleas que resultaron claves para reencontrarse con sectores políticos, sociales y de la izquierda del estado. Ortega recuperó parte del terreno que había perdido después de dejar el gobierno y volvió a colocarse dentro de una discusión política estatal en la que inicialmente parecía partir con desventaja.

Los cinco llegan, por tanto, con fortalezas que Morena no puede ignorar.

Beatriz Mojica y los cinco meses al frente de las preferencias

Pero existe un sexto perfil que llega a esta recta final con una diferencia fundamental.

Beatriz Mojica Morga es quien se ha mantenido durante más de cinco meses al frente de las preferencias para coordinar los trabajos de la Cuarta Transformación en Guerrero.

Y quizá ése sea el dato político más importante de todo el proceso.

Mojica enfrentó cuestionamientos, campañas y señalamientos que buscaban frenar su crecimiento. Uno de los argumentos más utilizados fue su respaldo a Ricardo Anaya en la elección presidencial de 2018. Sin embargo, el señalamiento no consiguió modificar sustancialmente la tendencia favorable que ha mantenido.

Hay al menos dos razones que ayudan a entenderlo.

La primera está relacionada con la propia historia de Morena en Guerrero. Una parte importante de su militancia y de sus cuadros políticos procede del PRD, partido al que pertenecía Mojica cuando esa organización decidió participar en una alianza electoral con el PRI y con el PAN . Su respaldo a Anaya ocurrió dentro de aquella definición partidista  y no obedeció a una decisión personal por lo que difícilmente podía convertirse en un cuestionamiento definitivo para una militancia en la que muchos de sus integrantes también transitaron por otras fuerzas políticas antes de llegar a Morena.

La segunda explicación está en la propia trayectoria de Mojica.

Tiene identidad e historia política. Es una mujer afromexicana de Guerrero, ha recorrido reiteradamente el estado, cuenta con estructura y ha mantenido un estilo político prudente: pocas confrontaciones y mucho trabajo territorial. Esos elementos ayudan a explicar por qué los ataques no consiguieron modificar de manera sustancial su posicionamiento y por qué durante el proceso continuó incorporando respaldos.

Y ahora el proceso parece haber entrado en una etapa diferente.

Se sabe que durante la semana pasada y ésta  se han realizado reuniones con las y los aspirantes que se registraron el pasado 22 de junio para participar en el proceso interno de Morena.

Esas conversaciones adquieren especial relevancia en la recta final, porque la definición no debería significar la exclusión de quienes no resulten favorecidos.

Todo lo contrario. Si Esthela Damián consiguió construir presencia en cuatro meses y medio; si Abelina López tiene estructura territorial; si Pablo Amílcar representa una parte de la historia fundacional de Morena; si Javier Saldaña cuenta con una importante plataforma universitaria; y si Rogelio Ortega recuperó interlocución política y social con la izquierda, todos esos activos deberían formar parte de la construcción que siga después de la encuesta.

Y hay un dato adicional. Ayer, una televisora de cadena nacional presentó el ejercicio “Rumbo a 2027: Así va el mapa de las 17 gubernaturas”. En el mapa proyectado en pantalla, para Guerrero aparece el nombre de Beatriz Mojica como referencia rumbo a la sucesión de 2027.

No es la televisión la que decidirá quién debe encabezar Morena en Guerrero, pero el dato adquiere relevancia porque coincide con algo que se ha venido observando durante meses: Mojica ha conseguido sostenerse en la parte alta de las preferencias mientras avanzaba el proceso interno.

Morena y su tarea de respetar la encuesta

Por eso, llegado este punto, Morena tiene dos tareas.

La primera es respetar la encuesta.

Si el método elegido por el propio movimiento fue preguntarle al pueblo de Guerrero quién debe encabezar los trabajos de la Cuarta Transformación, entonces el resultado tiene que respetarse.

Y si las tendencias que se han conocido durante estos meses se confirman en la medición definitiva y Beatriz Mojica vuelve a resultar adelante, tendría que ser ella quien encabece esta nueva etapa.

La segunda tarea será quizá más compleja: construir la unidad después de la competencia.

Porque ganar una encuesta no basta para ganar Guerrero.

Será necesario integrar a Esthela, Abelina, Pablo Amílcar, Javier Saldaña y Rogelio Ortega y las y los otros contendientes que también se registraron en el proceso como Alberto López Rosas, Aidé Ibarez Castro, Rubén Cayetano, Iván Hernández; y por otro lado, reconocer las fortalezas que cada uno construyó y evitar que la conclusión del proceso deje vencedores absolutos y derrotados irreconciliables.

Morena tiene ante sí la oportunidad de convertir una competencia interna en una fortaleza colectiva.

Después de meses de recorrer comunidades, escuchar a la gente y medir las preferencias, no tendría sentido preguntar para después ignorar la respuesta.

Guerrero ya decidió.

Ahora le toca a Morena respetar la encuesta, reconocer a quien resulte favorecida o favorecido e integrar a todos los demás para construir la unidad rumbo a 2027.

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