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Ciudad de México.- Hace casi un año, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dejó clara su postura frente a la intención del senador Félix Salgado Macedonio de competir por la candidatura de Morena a la gubernatura de Guerrero en 2027.
En su conferencia matutina del lunes 3 de marzo de 2025, la mandataria federal marcó lo que puede leerse como el inicio de una estrategia por descarte rumbo a la sucesión en Guerrero.
Ese día fue cuestionada sobre las declaraciones del senador morenista, luego de la aprobación de la reforma contra el nepotismo y la reelección impulsada por ella. Un día antes, en diálogo con simpatizantes, Salgado Macedonio había dicho que, si ganaba la gubernatura, no sería nepotismo, pues no lo pondría su hija, sino el pueblo a través de las urnas, y que nadie podía estar por encima de la voluntad popular.
La respuesta de Sheinbaum fue tajante:
“Hace 15 días también dijo que él no iba a ser candidato; yo me quedo con la declaración de hace 15 días”. Ese fue el primer descarte.
El segundo llegó el 5 de noviembre del año pasado, cuando fue cuestionada sobre funcionarios federales que realizaban promoción proselitista en Guerrero. Ahí la presidenta fijó un nuevo límite:
“Quien quiera postularse debe renunciar. Ya se los dije: quien tenga aspiraciones para un cargo público tiene que renunciar; no puede utilizar su cargo”.
Tres semanas después, nombró Consejera Jurídica de la Presidencia a Esthela Damián Peralta, funcionaria que se promovía en Guerrero, utilizando su cargo como Subsecretaria de Prevención de las Violencias. El 22 de diciembre, la mandataria confirmó que el nombramiento era para todo el sexenio y no temporal, aunque reconoció que la guerrerense podía tomar su decisión. Aun así, subrayó: “Yo quiero que se quede todo el sexenio”. Este fue el segundo descarte.
Tanto Félix Salgado como Esthela Damián fueron de las figuras más visibles el año pasado en la búsqueda de la candidatura morenista. Con ambos fuera del tablero inmediato, el escenario en Guerrero se reconfigura.
Las piezas que aún siguen en el tablero
En el género mujer, las aspirantes con mayor presencia son la Senadora Beatriz Mojica y Abelina López Rodríguez, quienes han declarado públicamente su intención de competir por la gubernatura.
En meses recientes también ha levantado la mano Guadalupe Eguiluz Bautista, aunque en círculos cercanos se comenta que su movimiento podría estar más orientado a quitarle adeptos a Mojica Morga que en una competencia real por la candidatura.
En el género masculino, uno de los más visibles es Rogelio Ortega Martínez, quien inició de manera discreta su posicionamiento. Paradójicamente, el homenaje realizado por la Secretaría de Cultura a Rubén Figueroa Figueroa el pasado 9 de noviembre reactivó a sectores de la izquierda histórica de Guerrero, corriente en la que Ortega ha sido una figura aglutinadora.
También aparece Arturo Martínez Núñez, integrante del grupo conocido como “Los nuñistas”, aunque esa corriente enfrenta una ruptura interna entre distintos liderazgos que disputan el legado político de César Núñez Ramos.
Otro nombre es Pablo Amílcar Sandoval, quien ya compitió por la candidatura en el proceso electoral de 2021.
Han manifestado igualmente su interés, aunque con menores posibilidades, Alberto López Rosas, Rubén Cayetano García, Norma Otilia Hernández y, como externo, Mario Moreno Arcos, ex priista y excandidato a gobernador por Movimiento Ciudadano en 2021.
Así, el proceso interno de Morena en Guerrero parece avanzar no por definición directa, sino por eliminación progresiva.
No sería extraño que en los próximos meses la presidenta vuelva a mover las piezas y realice un tercer descarte rumbo a 2027.
La pregunta ya no es si habrá otro movimiento. La pregunta es quién quedará fuera.
Si la lógica del descarte continúa, el nombre que encabece la boleta en 2027 no será producto del ruido mediático ni de la movilización territorial anticipada, sino del cálculo fino entre gobernabilidad, lealtad y viabilidad electoral. En Guerrero, la verdadera competencia no es entre aspirantes; es entre quienes logren mantenerse en la ecuación sin convertirse en problema, porque en política, el poder no siempre designa; muchas veces simplemente elimina. En Guerrero, el 2027 empezó el día que comenzaron los descartes.