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Acapulco, Guerrero.- En Guerrero, la política no se transforma, se recicla. Mientras el gobierno federal intenta consolidar el llamado "segundo piso", en el sur profundo los viejos vicios del perredismo más rancio y el clientelismo petista se reagrupan. El objetivo no es la justicia social, sino la supervivencia en el presupuesto.
El feudo de la Montaña: El PT y la "lealtad" familiar
En Tlapa, el comisionado político del PT, Victoriano Wences Real, montó una "Marcha de la Lealtad" que, en los hechos, funcionó como una pasarela sucesoria. Wences, quien ha hecho de la Montaña su coto de poder personal, fue ungido como "gobernador" por una estructura que hoy lanza dardos envenenados hacia Chilpancingo y Palacio Nacional.
El discurso de su esposa, la diputada Leticia Mosso Hernández, desnudó la fragilidad de la alianza Morena-PT. Con una retórica que oscila entre la victimización y el desafío, Mosso advirtió que no son "empleados" de Morena y arremetió contra la "demagogia" de los gobiernos que, según ella, roban el presupuesto. Sin embargo, la crítica suena hueca cuando proviene de un grupo que ha controlado los recursos de la región por décadas.
El mensaje fue un chantaje abierto: el ex senador David Jiménez Rumbo —personaje que personifica el pragmatismo al haber transitado por las tribunas más disímbolas— exigió que Morena "pague la cuota" de 20 años de alianza. El PT ya no se conforma con las migajas; quiere la gubernatura y lo hace golpeando la narrativa oficial, mofándose incluso de la agenda animalista del grupo en el poder (los "perritos felices") para contrastarla con su pretendida "mística" de trabajo.
El PRD: El "mea culpa" como estrategia de abordaje
A pocos kilómetros, en Chilpancingo, Evodio Velázquez Aguirre encabezó un acto de contrición pública que pocos creen. Tras haber entregado los restos del PRD a la alianza con el PRI y el PAN —una unión que terminó por aniquilar el registro nacional del partido—, Velázquez ahora pretende volver al origen.
El anuncio de un "Bloque Político Nacional" con otros estados donde el sol azteca sobrevive como partido local es, en realidad, un bote de salvamento. El reconocimiento de que el "Pacto por México" y la alianza con la derecha fueron errores garrafales no nace de una reflexión ideológica, sino de la orfandad política.
Evodio Velázquez, cuya gestión como alcalde de Acapulco estuvo marcada por señalamientos de opacidad y el incremento de la violencia, intenta ahora facturar los 15 años que Andrés Manuel López Obrador militó en el PRD. Es el intento de cobrar una herencia ajena para colarse, una vez más, en la boleta electoral de 2027.
Los actores cuestionados: El lastre del pasado
El común denominador en ambos eventos es la presencia de personajes que representan lo que la "Transformación" prometió desterrar:
· Victoriano Wences: Acusado de caciquismo en la Montaña y de mantener un control vertical sobre las candidaturas de su partido.
· Evodio Velázquez: Un actor que personifica la debacle perredista y que ahora busca el perdón de Morena bajo el pretexto de la "unidad de las izquierdas".
· David Jiménez Rumbo: Un operador que conoce las cloacas del poder y que hoy se presenta como el cobrador de facturas históricas.
El dilema de Morena
Para 2027, el partido oficial en Guerrero enfrenta un escenario de riesgo. La "purificación" de estos cuadros —ex priistas, ex perredistas y caciques regionales— a través de la coalición podría ser el costo de la gobernabilidad, pero también el germen de su propio desgaste.
La advertencia de los "aliados" es clara: o hay reparto de secretarías y candidaturas, o el bloque de la "izquierda" le hará la guerra al proyecto de la Presidenta desde el interior. En Guerrero, la lealtad tiene precio, y la subasta por el 2027 ha comenzado.