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Guerra invisible: cómo el miedo digital se convirtió en arma en México

El ataque del CJNG del 22 de febrero no solo dejó muertos; también abrió un nuevo frente de violencia en redes sociales y dispositivos.

La batalla ya no es solo física, sino cognitiva.
La batalla ya no es solo física, sino cognitiva.

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Por. Eduardo Serna


Opinión.- Está de más abordar a manera de crónica lo sucedido el domingo 22 de febrero de 2026. Se han expuesto ya muchas crónicas de los hechos y se han comentado varios ángulos; algunas versiones elogian, otras con desdén descalifican; la narrativa que se propaga en el extranjero contrasta en gran medida con la realidad interna. Hubo bajas tanto del bando criminal como del Ejército mexicano. Siempre es triste que la dignidad de la vida sea la moneda de cambio para intentar atenuar la violencia y el crimen; es una realidad dolorosa y contradictoria.

Un punto de inflexión y la guerra cognitiva

Lo ocurrido esa jornada representa un punto de inflexión no solo por la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, sino por la dimensión coordinada de la respuesta posterior. La rapidez con la que se desplegó la campaña de desinformación en redes sociales —simultánea a los bloqueos y ataques físicos en diversos estados— evidencia un nivel operativo que sugiere preparación previa y, posiblemente, entrenamiento especializado en tácticas de guerra cognitiva.

Los informes de inteligencia disponibles indican que el CJNG ha sofisticado sus capacidades en el ámbito digital, empleando granjas de bots, cuentas falsas y narrativas coordinadas para amplificar el miedo y sembrar confusión entre la población civil. Este fenómeno se inscribe en una tendencia global documentada por la Unión Europea y diversas instituciones académicas, donde los grupos criminales transnacionales han adoptado técnicas exclusivas de la guerra híbrida. La diferencia fundamental respecto a conflictos anteriores radica en que la “batalla” ya no se libra exclusivamente en el territorio físico, sino que se extiende al ecosistema digital, donde cada dispositivo móvil se convierte en una potencial herramienta de manipulación.

Dos frentes del crimen organizado

Pero, independientemente del hecho noticioso en sí, me llama poderosamente la atención —y creo que es necesario analizar— lo sucedido después de las acciones militares. La respuesta del crimen organizado se desplegó en dos frentes claramente diferenciados. El primero, tangible y tradicional: los bloqueos, la quema de vehículos y de algunos comercios en ciertos estados. El segundo, más sutil pero igualmente destructivo: el uso estratégico de las redes sociales para instrumentar una campaña de terror y desinformación. Este segundo frente, una verdadera operación de guerra cognitiva, constituye el fenómeno de mayor relevancia para la comprensión de los nuevos conflictos.

La instrumentalización del miedo

Esta campaña, que sembró horror y engaño en la población, no fue un fenómeno espontáneo. Se montó sobre un hecho real y lo explotó; esto da como resultado la complejidad para poder ver un panorama más amplio y cercano a la realidad. Es aquí donde se instrumentaliza una acción que exige un análisis profundo del comportamiento de las masas en el ecosistema digital. La instrumentalización del miedo, como veremos, responde a una estrategia deliberada.

Armas cognitivas y guerra del siglo XXI

En las últimas décadas, diversas disciplinas —como la neurociencia, la semiótica, la psicología cognitiva y las ciencias de la computación y lo digital— se han articulado para comprender y, en muchos casos, diseñar lo que los especialistas denominan “armas cognitivas”. Instituciones como el Centro para la Gobernanza del Cambio de IE University advierten que la mente humana se ha convertido en el principal campo de batalla del siglo XXI, donde actores estatales y no estatales tienen la capacidad de manipular nuestra percepción de la realidad para desestabilizar sociedades enteras.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha definido formalmente la “guerra cognitiva” como un nuevo dominio de conflicto, donde el contenido —narrativas, noticias falsas, memes— es la munición, y el objetivo final es alterar los procesos de “la manufactura del consentimiento” o construcción de sentido de las personas. Esto lo hemos abordado ya en esta columna al citar la técnica de control mediático y encubrimiento que maneja el sionismo: la Hasbará.

La mente como campo de batalla

Estas armas actúan a un nivel invisible y profundo. No se trata solo de mentiras, sino de una manipulación sistemática de los procesos cognitivos. Estudios recientes sobre el desorden informativo digital demuestran que los ataques cognitivos explotan características psicológicas y lingüísticas específicas para influir en las percepciones y comportamientos de los individuos. Al explotar nuestros sesgos, emociones y mecanismos de atención, estas campañas logran algo más que viralidad: logran que una fracción significativa de la población habite una realidad paralela inducida, una “burbuja del horror” donde el miedo, la desconfianza y la confusión erosionan los lazos sociales y la confianza en las instituciones.

Un estudio publicado en la revista BehavioralSciences confirma que la desinformación impacta directamente en el procesamiento de la información de las personas, moldeando sus comportamientos y actitudes, y que ciertos rasgos de personalidad pueden hacer a los individuos más susceptibles a aceptar noticias falsas como verdaderas. Este es el caldo de cultivo perfecto para que las campañas de guerra cognitiva, como las que utilizan bots y narrativas estratégicas orquestadas por actores externos, siembren división y caos social.

Redes sociales y cámaras de eco

Nos conectamos a las redes sociales a través de dispositivos personales, y cada vez a más temprana edad nos convertimos en participantes involuntarios de este experimento de psicosis colectiva. Los algoritmos de las plataformas, diseñados para maximizar el tiempo de pantalla, crean “cámaras de eco” que nos exponen repetidamente a contenido que confirma y amplifica nuestros miedos, lo que, según investigaciones, puede tener un profundo impacto en las actitudes políticas y las intenciones de comportamiento de las personas.

La tragedia del 22 de febrero no solo nos confronta con la violencia física, sino con una nueva realidad: la guerra ya no se libra solo con armas de fuego, sino también con armas que distorsionan nuestra mente y nos encierran en una burbuja de horror fabricada.

Pensamiento crítico como defensa

Es necesario fomentar el pensamiento crítico. Hay una diferencia abismal entre “consumir información” y construir un criterio más o menos informado, que ponga en tela de juicio la “realidad” que se nos presenta. Se terminó la era de la información pasiva y masiva; hemos entrado en una época que nos exige filtrar y cuestionar. Esto se vuelve vital cuando estamos en riesgo permanente de quedar cautivos en burbujas que siembren semillas de realidades sociales en donde no se respete la vida.

¿Cómo es posible que, después de lo sucedido en el mundo, el fascismo se esté solidificando en gobiernos que son supuestamente democráticos? Los grupos criminales en México son entrenados con técnicas sofisticadas de guerra cognitiva, a la par de la tecnología armamentista que manejan. ¿Quién los entrena? ¿Quién les vende el armamento? ¿A quién le conviene el miedo? Estas cuestiones nos muestran que resulta imprescindible, que las estrategias de seguridad nacional incorporen dimensiones cognitivas y de ciberseguridad como prioritarias, reconociendo que la victoria en estos nuevos conflictos dependerá no solo del control territorial, sino de la capacidad para preservar la integridad informativa de la sociedad.

Verificar antes de compartir

Ante cualquier información que se nos presente, cuestionar, filtrar e investigar sería el primer paso para desarticular las “burbujas de horror” que se nos quiere imponer con las nuevas armas cognitivas y los dispositivos de distorsión hechos con inteligencia artificial. Antes de compartir, hay que verificar la información, la fuente, el canal, el mensaje, los intereses que protegen y promueven. Es necesario en la era de la colonización de las mentes. Como siempre, lo invito a reflexionar y tomar acción.


Las opiniones expresadas en artículos y columnas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de este medio noticioso.

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