Tabla de contenido
“A mí nadie me ha dicho que no voy”, respondió Félix Salgado Macedonio ante los posicionamientos de Luisa María Alcalde. La frase, más que una definición, resume el momento político que atraviesa: uno en el que la posibilidad se mantiene abierta, pero la claridad sigue ausente.
Punto de partida
Conviene recordar el punto de partida. En 2021, Salgado Macedonio fue el candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero hasta que el INE canceló su registro, por supuestamente no comprobar gastos de campaña. Lo que vino después no fue un episodio menor en la vida interna de Morena: la postulación de su hija Evelyn como candidata sustituta, respaldada por el partido y por Andrés Manuel López Obrador, permitió mantener un equilibrio político que evitó una ruptura mayor y respetó la cuota de poder de Félix Salgado.
Desde entonces, la actual administración estatal ha transitado bajo esa circunstancia de origen, primero con el acompañamiento del propio López Obrador y ahora con el de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Es un dato que, más allá de valoraciones sobre los resultados de la gestión de la actual Gobernadora, forma parte del contexto que explica el equilibrio político y social del presente, sin desbordamientos fuera de control.
De cara a 2027, el senador vuelve a colocarse en el horizonte de la candidatura. Lo hace, sin embargo, desde una narrativa que oscila entre la afirmación y el matiz, con una narrativa ambivalente y en ocasiones francamente contradictoria: ha dicho que no ha manifestado intención de competir, pero también ha apelado al derecho constitucional de votar y ser votado; ha señalado que acatará lo que determine su partido, al tiempo que insiste en que nadie le ha cerrado la puerta.
Más que una definición, es una secuencia de posiciones que se desplazan hacia “la estridencia”.
Nepotismo administrativo y electoral
En paralelo, su discurso sobre el nepotismo introduce otra tensión. Por un lado, cuestiona prácticas dentro del partido; por otro, establece distinciones entre tipos de nepotismo que abren un margen interpretativo entre el “nepotismo administrativo” y el nepotismo electoral”. La discusión no es menor, sobre todo, a un año de que la presidenta Claudia Sheinbaum señalara que ella se quedaba con la versión de que Félix no buscaría la candidatura en 2027 y a unos días de que Luisa María Alcalde, fuese clara al decir que no sería considerado en las encuestas rumbo al 2027, porque Morena determinó que adelantaría la Ley contra el nepotismo que entrará en vigor hasta el 2030.
Este es un momento crucial para Morena en Guerrero; ya que proyecta dos escenarios posibles: la capacidad de contener a Félix Salgado con las reglas y los principios partidarios, o por el contrario el desbordamiento político si el Senador insiste en suceder a su hija, sin tomar en cuenta que, los buenos resultados de su gobierno se deben en gran medida a los apoyos recibido por AMLO y por la presidenta Claudia Sheinbaum, particularmente en temas de seguridad, disminución de la pobreza y de la crisis socio-económica después de los huracanes Otis y John.
¿Desde qué posición competir?
¿Logrará Luisa María Alcalde fijar los criterios internos hacia el próximo ciclo electoral, sin la “estridencia” con la que amenaza el senador?
En ese contexto, la pregunta no es únicamente si participará o no en 2027, sino desde qué lugar lo haría. No es lo mismo competir como parte de un acuerdo político claro que hacerlo desde una posición que genera un veto dentro del propio partido.
A ello, se suma el balance de su trayectoria reciente. Tras casi nueve años en el Senado, su presencia pública no ha estado marcada por una agenda legislativa de alto perfil o por gestiones de proyectos que beneficien a Guerrero, sino por iniciativas de carácter social-personal cuya operación, además, ha sido poco documentada en términos de origen y destino de recursos utilizados.
En los últimos días, algunos simpatizantes han optado por activar expresiones de respaldo en territorio. Llamando incluso a una marcha de defensa. Esto fue una práctica muy socorrida en la política mexicana: construir presión desde la base para incidir en las decisiones de arriba, pero los tiempos han cambiado. ¿Quién se atrevería a marchar´en contra de Morena?
El reclamo de la candidatura, sin embargo, depende de un elemento que hoy aparece difuso: no se hace desde una posición de claridad y acuerdo político, sino desde la ambigüedad y la estridencia y, al parecer, las puertas están cerradas desde arriba.