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Eric Clapton en Madrid: un "Dios" de pocas palabras, mucha guitarra y un final abrupto

Ni la leyenda ni los 20 años de espera salvaron al británico de un final accidentado: un vinilo al pecho y un adiós sin palabras.

Un objeto lanzado desde el público cortó el clímax de la noche tras sonar 'Cocaine'.
Un objeto lanzado desde el público cortó el clímax de la noche tras sonar 'Cocaine'.

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Hay leyendas que no necesitan presentaciones, ni parafernalia, ni siquiera saludar. Eric Clapton aterrizó en el Movistar Arena de Madrid tras dos décadas de ausencia y lo hizo bajo su propia ley: luces bajas, traje impecable y una Fender que habla por él. Fue una ceremonia de blues-rock en la que el británico demostró que los 81 años son solo una cifra cuando se tiene el "don", aunque el ritual terminara de la forma más inesperada.

Una clase magistral de "Mano Lenta"

Desde los primeros acordes de Badge, el clásico de Cream, quedó claro que no venía a perder el tiempo. Sin una sola palabra dirigida al respetable —ni un "hola", ni un "gracias"—, Clapton encadenó solos que "arañaban el aire".

La velada transitó por dos estados de ánimo:

  1. El éxtasis eléctrico: Con una rendición sensual de Hoochie Coochie Man y un Little Queen of Spades donde su voz rasgada recordó por qué redefinió el género.
  2. La intimidad acústica: El momento en que la Fender descansó para dar paso a la madera. Golden Ring y Tears in Heaven convirtieron el recinto en un confesionario donde "Mano Lenta" se hizo gigante al hacerse pequeño.

El apagón informativo

Como viene siendo una tendencia (desafortunada) entre los grandes tótems de la música, el acceso a fotoperiodistas estuvo vetado. En la era de la imagen, Clapton prefirió el blindaje, dejando el relato visual en manos de los móviles del público y privando a la crónica de la mirada profesional que un evento de este calibre merece.

Un final con sabor agridulce

El clímax llegó, como dicta el manual, con Cocaine. Pero lo que debía ser una despedida triunfal se vio truncada por un gesto empañó la noche: un vinilo lanzado desde la grada impactó directamente en el pecho del artista.

Aunque Clapton mantuvo el tipo, la magia se rompió. Una reverencia rápida, luces encendidas y un público atónito que se quedó con la miel en los labios. Fue breve, fue directo y fue magistral, pero ese impacto final dejó una sensación de "ceremonia no consumada". Madrid recuperó a su Dios de la guitarra, pero el Dios decidió que ya había dado suficiente por una noche.

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