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Ciudad de México.– Ante el avance de la criminalidad y el fracaso de los esquemas tradicionales de prevención, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha decidido trasladar la batalla por la juventud a los gimnasios de barrio.
Con el programa “Boxeo por la Paz”, la administración federal busca convertir a 5 mil boxeadores profesionales en "tutores" de 100 mil jóvenes, en una alianza con el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) que intenta mitigar, con un salario mínimo, la histórica precariedad de este deporte.
La estrategia, presentada con el habitual triunfalismo oficial, condiciona un apoyo mensual de 9 mil 500 pesos y seguro médico a que los pugilistas —muchos de ellos campeones en activo que sobreviven en la informalidad— impartan clases gratuitas en comunidades vulnerables. Es, en esencia, un subsidio estatal para un gremio que el propio Estado y la iniciativa privada han mantenido en el abandono.
El ídolo como muro de contención
El programa no es solo deportivo; es una operación de campo. A partir del 2 de marzo, los "Siervos de la Nación" iniciarán visitas casa por casa para reclutar a jóvenes de entre 6 y 29 años, utilizando la plataforma de Jóvenes Construyendo el Futuro como estructura operativa.
Carlos Gastón Torres, coordinador de los Programas para el Bienestar, y Mauricio Sulaimán, presidente del CMB, coincidieron en que el gimnasio es el espacio donde se aprende "disciplina y fraternidad". Sin embargo, detrás del discurso de la "superación personal", subyace la urgencia de alejar a la juventud de las filas del narcotráfico mediante una figura de autoridad que ellos respeten: el boxeador del barrio.
¿Paz o paliativo?
Para la presidenta Sheinbaum, el programa atiende las "causas de la violencia". No obstante, la crítica apunta a la temporalidad y profundidad de la medida. Aunque se prometen beneficios a 5 mil peleadores, el presupuesto se queda corto frente a la magnitud de la crisis de seguridad social que enfrentan los deportistas de contacto en México.
El acuerdo con el CMB de Sulaimán otorga al gobierno un barniz de legitimidad deportiva internacional, pero traslada a los boxeadores la responsabilidad de ser trabajadores sociales, psicólogos y mentores en zonas donde el tejido social está pulverizado. El riesgo, como en otros programas asistencialistas, es que el "Boxeo por la Paz" se quede en un espectáculo de propaganda mientras las condiciones estructurales de violencia en las periferias permanecen intactas.