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El quiosco de los desaparecidos y los muertos: Jhonatan Guadalupe y José Dimayuga presentes en la FILA 2026

¿Qué dolor puede ser más grande que la incertidumbre de no saber dónde está un hijo?

Socorro Gil, madre buscadora porta fotografía de Jhonatan

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Acapulco, Guerrero.- ¿Quién en Acapulco no se ha cruzado alguna vez con el rostro apacible de Jhonatan Guadalupe Romero Gil? Para quienes habitamos este puerto, su fotografía es parte del paisaje de la resistencia; una imagen que su incansable madre, la señora Socorro Gil, ha sembrado con amor y terquedad en paredes, muros, bardas, pilares y, de manera muy profunda, en el Zócalo. Ella no ha dejado de buscarlo ni un solo día desde aquella noche del 5 de diciembre de 2018, cuando policías municipales se lo llevaron de la cancha de básquetbol de La CROM.

¿Qué dolor puede ser más grande que la incertidumbre de no saber dónde está un hijo? Es imposible siquiera imaginar el peso de vivir cada mañana con esa mezcla de angustia, desesperación y frustración; un calvario que se vuelve aún más pesado ante el silencio del Estado y la dolorosa indiferencia de la sociedad. Sin embargo, el recuerdo de Jhonatan sigue latiendo con fuerza gracias a la valentía de Socorro Gil, quien ha tomado cada espacio público y cada tribuna disponible no solo para gritar su exigencia, sino para recordarnos que a su hijo le arrebataron el derecho al futuro: el derecho a vivir, a formar un hogar y a envejecer junto a los suyos.

El derecho de las víctimas a no ser borradas

Desde el año pasado, la presencia de Jhonatan en la Feria Internacional del Libro de Acapulco (FILA) ha sido permanente. No llegó ahí por una invitación formal de los organizadores, sino por el legítimo derecho de las víctimas a no ser borradas por el olvido, impulsado por el eco del clamor materno. En la edición anterior, al lado de Jhonatan, se evocó la memoria de José Agustín, el gran escritor que partió en 2024. A diferencia de Jhonatan, José Agustín pudo abrazar una vida plena: se enamoró, formó una familia, habitó su casa, escribió libros entrañables y legó un universo literario imperecedero a México.

José Agustín, José Dimayuga y la justicia negada a Jhonatan Guadalupe

Este año, el quiosco de la FILA cobija el recuerdo del dramaturgo José Dimayuga, fallecido en noviembre de 2017 debido a complicaciones de una neumonía. Al igual que sucedió con José Agustín, y en un contraste que estruja el corazón, el destino le permitió a Dimayuga ejercer su derecho a la existencia: amó libremente, escribió teatro y novela, y sirvió con entrega a sus paisanos como director de Cultura de Acapulco en 2003. La feria celebra sus legados intelectuales, mientras el rostro de Jhonatan, desde su trinchera de papel, sigue reclamando la justicia que le fue negada y una voz entre las voces de la FILA.

A principios de este mes de mayo, la persistencia de Socorro Gil abrió una rendija de luz en medio de la penumbra. La madre buscadora compartió que, tras una búsqueda realizada en abril junto a su hija, localizaron en las instalaciones del Servicio Médico Forense el cráneo de un joven de entre 15 y 25 años, con las mismas características al cráneo de Jhonatan. Hoy, la familia permanece en una dolorosa espera frente a las frías planchas del Servicio Médico Forense (Semefo), aguardando los resultados de los estudios genéticos que confirmen si esos restos corresponden a su hijo y si fueron localizados en la colonia Panorámica —donde voces anónimas le aseguraron que habían dejado a Jhonatan la noche de su rapto.

Jhonatan a punto de volver a casa

De confirmarse la coincidencia, Jhonatan finalmente volverá a casa, al encuentro de su madre y sus dos hermanas. No regresará de la forma en que el amor materno lo soñó durante estos casi ocho años; volverá con la muerte a cuestas, en un viaje sin retorno a aquella fatídica noche en La CROM, donde uniformados convertidos en criminales le arrebataron para siempre el sagrado derecho de existir. Mientras tanto, en los pasillos de la FILA 2026, los libros se abren y las páginas pasan, pero la mirada de Jhonatan permanece fija, recordándonos que la literatura también es memoria, justicia y un refugio para los que faltan.

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