Table of Contents
Ciudad de México.- En México, un escritor puede ganar el Premio Xavier Villaurrutia, el José Fuentes Mares y el Narrativa de Colima, y aun así, terminar en la indefensión absoluta ante una crisis de salud. El caso de Héctor Manjarrez (1945), referente de la narrativa mexicana contemporánea, ha encendido nuevamente las alarmas sobre la precariedad estructural en la que viven los creadores y el silencio cómplice de una Secretaría de Cultura que parece ignorar su responsabilidad social.
El "GoFundMe" como única política de seguridad social
A mediados de noviembre, Manjarrez sufrió un infarto que lo mantuvo al borde de la muerte. Tras semanas de incertidumbre y una recuperación que los médicos califican de "asombrosa", el escritor se enfrenta ahora a un enemigo igual de letal: una deuda hospitalaria que asciende a 2 millones de pesos (110,000 dólares).
Ante el rechazo del seguro médico para cubrir el caso —una práctica común de las aseguradoras que el Estado no regula con rigor—, la familia del autor de El otro amor de su vida ha tenido que recurrir a la caridad pública. Sus hijas, Berenice y Camila, lanzaron una campaña en la plataforma GoFundMe ante la imposibilidad de cubrir los gastos de hospitalización y enfermería de 24 horas.
La ironía del reconocimiento sin protección
Es una ironía amarga que mientras la Secretaría de Cultura y el INBAL celebran las trayectorias de sus autores en pomposos homenajes de Palacio, en la realidad cotidiana los dejan a su suerte. El sistema cultural mexicano se ha convertido en una fábrica de prestigio sin seguridad social.
Para un escritor como Manjarrez, cuya obra ha sido cobijada por sellos de la relevancia de Editorial Era, el éxito literario no se traduce en estabilidad económica. La falta de convenios de salud específicos para el gremio artístico y la desaparición de fideicomisos de apoyo han dejado a los creadores en un limbo donde la única red de seguridad es la solidaridad de los amigos y los lectores.
Un gremio desmantelado
La crisis de Manjarrez no es un hecho aislado, sino el reflejo de una comunidad cultural abandonada por el gobierno:
- Ausencia de seguridad social: La mayoría de los escritores operan bajo la informalidad o el esquema de honorarios, sin acceso a pensiones o servicios médicos dignos.
- Presupuestos austeros: Mientras los recursos se destinan a proyectos de infraestructura masiva, la "seguridad humana" de los agentes culturales es inexistente.
- El silencio de la Secretaría: Hasta el momento, no existe un fondo de emergencia o una postura oficial de la Secretaría de Cultura que aborde la vulnerabilidad de sus figuras consagradas cuando la vejez o la enfermedad tocan a la puerta.
El costo de escribir en México
¿De qué sirven los premios y los aplausos si el Estado permite que sus mentes más brillantes terminen asfixiadas por deudas hospitalarias? El caso de Héctor Manjarrez es una bofetada a la narrativa oficial de un México que "valora su cultura". Hoy, la familia del narrador pide ayuda para que Héctor pueda retomar su vida cotidiana este trimestre, pero la pregunta queda en el aire: ¿Quién protege a los que escriben la memoria de este país?
La comunidad literaria se ha sumado al llamado, pero la deuda de 2 millones de pesos es también una deuda moral de una institución que ha decidido mirar hacia otro lado mientras sus artistas se hunden en la precariedad.