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México.- Bajo la narrativa de una "guerra contra el crimen" que ignora fronteras y tratados, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha escalado su retórica belicista a niveles sin precedentes.
En una ofensiva mediática que abarcó desde la cadena Fox News hasta las páginas de The New York Times, el republicano anunció su intención de "atacar por tierra" a los cárteles en territorio mexicano y reivindicó el control de facto sobre los recursos energéticos de Venezuela, sepultando, de paso, cualquier vestigio de derecho internacional.
México en la mira: La intervención que viene
Sin presentar evidencia técnica ni reportes de inteligencia que sustenten sus dichos, Trump aseguró la noche del domingo que las organizaciones criminales "están controlando México". Bajo esta premisa, justificó una eventual incursión militar terrestre, una idea que ha dejado de ser una balandronada de campaña para convertirse en el eje de su política de seguridad hemisférica.
Para la administración Trump, la soberanía mexicana es un obstáculo secundario. En su lógica, el derecho internacional es una "carga innecesaria" para una superpotencia. Al ser cuestionado sobre qué límites reconoce su poder, el mandatario sentenció una frase que define su segundo mandato: "Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme".
Venezuela: El botín petrolero
El tono de "comandante en jefe" se extendió al sur del continente. Trump celebró la reciente operación militar en Venezuela, no solo por la ausencia de bajas estadounidenses, sino por el resultado económico: Washington se ha "apoderado" de la industria petrolera venezolana. Según el magnate, empresas estadounidenses inyectarán 100 mil millones de dólares en un sector que ahora opera bajo el dictado de la Casa Blanca, confirmando lo que analistas califican como un ejercicio contemporáneo de colonialismo energético.
El costo humano de la "guerra" de Rubio y Trump
Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, intenta matizar el discurso asegurando que la guerra es "contra el narcotráfico y no contra las naciones", la realidad en el mar Caribe y el Pacífico oriental cuenta otra historia. Desde septiembre, la campaña militar estadounidense ha dejado un rastro de sangre: al menos 115 personas muertas en bombardeos contra embarcaciones.
Organizaciones de derechos humanos ya califican estas acciones como ejecuciones extrajudiciales, dado que las víctimas son ultimadas sin juicio previo y bajo acusaciones de transporte de droga que el Pentágono se niega a transparentar.
Diplomacia de la fuerza
En un despliegue de egolatría, Trump volvió a reclamar el Premio Nobel de la Paz, argumentando haber "terminado con ocho guerras" que no detalló. En esa misma línea de uso político de la diplomacia, anunció que recibirá a la opositora venezolana María Corina Machado, mientras su administración capitaliza la liberación de presos políticos en Caracas como un triunfo personal de su "influencia".
Sin embargo, detrás de las liberaciones celebradas por gobiernos como los de Lula da Silva o Gustavo Petro, subyace una advertencia sombría: para Cuba, la receta de Trump es el "bombardeo sin piedad". El mandatario estadounidense parece decidido a resucitar la Doctrina Monroe en su versión más violenta, donde la diplomacia es solo el preludio de la fuerza militar.