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Agencia SINC.- A los 14 años, casi la mitad de los adolescentes del mundo se imaginan viviendo del arte, la música o el diseño. A los 30, solo uno de cada 25 lo ha logrado. ¿Falta de talento? No. Según una investigación de la Universidad de Cambridge, lo que enfrentamos es un sistema diseñado para que las industrias creativas sean, cada vez más, un club exclusivo de las élites.
El estudio, que analizó la trayectoria de 1,7 millones de alumnos, pone cifras a una realidad global: el camino hacia una carrera creativa no es una escalera, sino un embudo que succiona las aspiraciones de quienes no tienen un colchón económico familiar.
La "doble desventaja": ser mujer y tener pocos recursos
El informe es demoledor al identificar quiénes son las primeras víctimas de este sistema. Las niñas de entornos con bajos ingresos enfrentan una barrera invisible pero letal. Mientras que el entusiasmo por el arte es universal en la infancia, la deserción es estructural:
- Falta de referentes: La ausencia de mujeres de clase trabajadora en puestos de poder creativo desincentiva a las nuevas generaciones.
- Miedo a la precariedad: En un sector donde el éxito suele depender de prácticas no remuneradas y "contactos", quienes necesitan un sueldo inmediato huyen hacia carreras técnicas por pura supervivencia.
El estigma de lo "arriesgado": El empuje de la familia y la escuela
La investigación describe una dinámica de "empuje y atracción" que se repite desde Londres hasta Ciudad de México. Mientras el alumno disfruta de las materias artísticas, su entorno (padres, amigos y orientadores) le lanza el mismo mensaje de siempre: "Estudia algo de provecho".
"Existe un esnobismo persistente. Las jerarquías culturales siguen premiando las rutas puramente académicas o científicas, devaluando el trabajo creativo como si fuera un lujo o un hobby peligroso", explica Sonia Ilie, autora principal del informe.
Este "consejo" basado en el riesgo financiero termina por ser una profecía autocumplida: solo estudian artes quienes pueden permitirse el lujo de fracasar.
Barreras invisibles: el capital social que no se compra
Más allá de las ganas, el estudio identifica obstáculos materiales que el talento por sí solo no puede saltar. Para entrar en la industria creativa hoy, no basta con ser bueno; necesitas:
- Prácticas no pagadas: Un filtro que expulsa automáticamente a quien tiene que pagar renta.
- Un porfolio competitivo: Que requiere equipos caros y tiempo que muchos estudiantes deben dedicar a trabajos de medio tiempo.
- Redes de apoyo: El famoso "capital social" o saber a quién llamar para que vean tu trabajo.
El papel olvidado de la formación profesional
Uno de los puntos más críticos del estudio es cómo el sistema desprecia la formación técnica y práctica. Los investigadores denuncian un "sistema bifurcado" donde los graduados de artes aplicadas o formación profesional —a menudo mentes brillantes— son ignorados frente a los licenciados universitarios, perpetuando una brecha de clase innecesaria.
"El hecho de que la universidad no sea la ruta preferida para algunos no debería impedirles el acceso al empleo creativo", sentencia Pamela Burnard, coautora del estudio.
Una industria de élites
Si no cambia la forma en que las escuelas y las familias valoran las artes, el mundo creativo seguirá siendo un reflejo de la desigualdad social. El talento es democrático, pero las oportunidades siguen teniendo código postal y apellido.
Referencia:
Ilie, S. et al, “Creative Pathways and Inequalities in the UK”, University of Cambridge / Nuffield Foundation, 2026, URL: https://www.educ.cam.ac.uk/