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Creo en la fuerza intempestiva del azar a quien le atribuyo, además del ocurrir constante, una dualidad en su manifestación: de su raíz etimológica brotan flores, sin embargo, en sus apariciones también revientan llagas. Cuando un libro es seleccionado de entre un conjunto de participantes, hay factores imprevisibles propios de la casualidad. También ocurren la notoriedad, la ambivalencia y el cuestionamiento. La notoriedad del libro, después de haber sido reconocido, se convierte en el blanco favorito de la crítica. La ambivalencia de las posturas estéticas cuestiona o avala ese merecimiento.
Especular es abrir los ojos para iniciar la búsqueda, y la recolección de imágenes nos conducirán al planteamiento de una teoría: Teoría de las pérdidas (Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2015, FCE, México). ¿Qué es lo perdido? Las presencias que el cariño nos entregó en posesión. Nombrar lo que se pierde es llamar al dolor con el nombre de la ausencia. Jesús Ramón Ibarra, el autor, dice: nunca sueño a mis muertos, y convoca a los poemas, a sus ausencias predilectas: La que canta, a Jaime, a Álvaro. Estamos ante un libro que más que arriesgar se acerca al espacio seguro del poema conveniente. El tono asciende por las vías de la oración y desciende por las rutas del rezo. Los elementos le aseguran un poetizar atinado que está siempre en persecución de lo solemne:
¿De qué corazón habla la llanura del pecho? ¿De qué grave músculo toma su voz la sangre cuando La que canta reparte su bisutería?
Hay una apuesta por la intención que concilia vida interior con biografía. La invención de los recursos reconoce sus fuentes en la tradición de la poesía mexicana, en la música popular y en la experiencia personal. En la respuesta imaginativa al tema de la muerte, la ausencia mayor es en donde encuentra sus momentos más emotivos:
Sin embargo, ahora la muerte se transforma en una progresión interna, en la silenciosa actividad del dolor sobre un cuerpo rendido
El libro expone una de sus mayores debilidades en la arquitectura, ya que los textos se distancian entre sí: La niebla del almirante, Fábula del hambre y Voluntad del polvo, podrían ser tres proyectos independientes porque no todo el tiempo se subordinan a la especulación de la teoría. Esta debilidad en la estructura es reforzada con la fe puesta en las imágenes que funcionan como tensores; las líneas más originales de este libro son resultado de esta devoción.
La brevedad del libro es un acierto, como es asertiva la disposición de las palabras significativas y sonoras. Jesús Ramón Ibarra presenta un trabajo que eleva el tono de su voz al ser cuestionado y, a cada pregunta, responde en lo concreto y en lo abstracto con una imagen que alimenta la emoción al reconocer sus límites.