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Después de Venezuela: ¿Qué sigue? | INFORME PENINSULAR

Este mensaje que nos convoca a defender lo telúrico, es defender la raíz; no busca uniformar, más bien busca al que siente como nosotros, al que se pregunta ¿qué sigue?.

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Por: Eduardo Serna


¿Qué sigue después de Venezuela? He seguido de cerca el secuestro, la agresión, las bombas. He escuchado el análisis y el contraanálisis, la propaganda, las descalificaciones. A estas alturas, todos hemos escuchado la opinión de alguien o de varios. Y he tenido que escribir y borrar esta columna de opinión.

En algunas versiones anteriores, empecé escribiendo: "Cómo lo veníamos diciendo, desde Gaza hasta Venezuela, bla, bla, bla". Y después lo borraba. Analizaba y reflexionaba: ¿qué es pertinente escribir? Y no voy a abordar los temas políticos gubernamentales que tripolarizan al mundo: ¿qué va a hacer Estados Unidos?, ¿qué va a hacer Rusia?, ¿qué va a hacer China? Y en este análisis, supongo que estamos varios. Y esas tres preguntas son las menos relevantes en este momento; las potencias imperialistas harán lo que una potencia imperialista convenga. La pregunta más relevante es: ¿qué haremos nosotros, qué haré yo, qué harás tú?

¿Qué sigue? Se me vienen a la mente varias cosas. Se me viene a la mente que el antídoto contra los tiranos es siempre la unidad de muchos; que el antídoto para la mentira es partir de las verdades más básicas y simples: la defensa de la Tierra, de nuestras tierras, en unidad.

Ahora que estuve escuchando los diálogos y los mensajes que se dieron en el aniversario de la lucha zapatista, hay una frase que me retumbó en la cabeza: "La esperanza realista es la lucha en todas partes y a todas horas". Y hoy, más que nunca, me parece clave entender esto. El llamado es la unidad. El llamado es a una lucha poética más que política, y esto podría sonar un tanto ridículo, pero hay que tener claro que a través de la poesía hay más verdad que a través de la política.

Marcos, el subcomandante, el zapatista, el disidente, lo expresa en siete puntos que a continuación les comparto y que les invito a leer; este mensaje adquiere una absoluta coherencia en estos tiempos de esquizofrenia:

1. Para nosotros, la Tierra es la madre, memoria y el reposo de nuestros antepasados, la casa de nuestra cultura y nuestro modo. La Tierra es nuestra identidad; en ella, por ella y para ella somos. Sin ella, morimos, aunque vivamos todavía.

2. La Tierra para nosotros no es solo el suelo que pisamos, sembramos y sobre el cual crecen nuestros descendientes. La Tierra es también el aire que se ha hecho viento, que sube por nuestras montañas; el agua de los manantiales, ríos, lagunas y lluvias; la vida que se hace en nuestras siembras; los árboles y bosques que fruto y sombra dan; los pájaros que bailan en el viento y en las ramas cantan; esos animales que con nosotros crecen, viven y alimentan. La Tierra es todo lo que vivimos y morimos.

3. La Tierra para nosotros no es una mercancía, de la misma forma que no son mercancía los seres humanos, ni los recuerdos, ni los saludos que damos y recibimos de nuestros muertos. La Tierra no nos pertenece; pertenecemos a ella. Hemos recibido el trabajo de ser sus guardianes, de cuidarla, de protegerla, así como ella nos ha cuidado y protegido en estos 515 años de dolor y resistencia.

4. Nosotros somos guerreros, no para vencer y subyugar al diferente, al que otro lugar habita, al que otro modo tiene. Somos guerreros para defender la Tierra, nuestra madre, nuestra vida. Para nosotros, esta es la batalla final: si la Tierra muere, morimos nosotros. No hay mañana para nosotros sin la Tierra. El que quiere destruir la Tierra es todo un sistema; ese es el enemigo a vencer. Capitalismo se llama el enemigo.

5. Nosotros pensamos que no es posible triunfar en esta batalla si no nos acompañamos en la lucha con los otros pueblos que son como nosotros, color que somos de la Tierra; si no luchamos junto a los otros, de otros colores, tiempos y modos, pero les duelen los mismos dolores. Por eso caminamos con el oído y el corazón abiertos, para buscar y encontrar a los y a las que dicen o quieren decir "ya basta"; a los que han encontrado que el nombre de su enemigo es el mismo que a nosotros mata y duele.

6. Nosotros pensamos que ya no basta con solo resistir y esperar uno y otro ataque del mandón y del dinero. Creemos que la fuerza que ahora se necesita para sobrevivir es también suficiente para terminar con las amenazas. Es la hora.

7. Ni al árbol ni al bosque miramos hacia abajo. No en señal de humildad, no para rendir nuestra dignidad, sino para leer y aprender lo que no se ha escrito, para lo que no hay palabras, sino sentimientos; para poder ver en la Tierra las raíces que sostienen allá en lo alto a las estrellas.

Este mensaje que nos convoca a defender lo telúrico, es defender la raíz; no busca uniformar, más bien busca al que siente como nosotros, al que se pregunta qué sigue, al que no está dispuesto a sentarse a esperar a que le toque su turno. Este mensaje es para el estadounidense, el canadiense, el mexicano, el guatemalteco, el argentino, el colombiano, el venezolano, el peruano, el boliviano, y para cualquier otra nacionalidad que se nos ocurra. Si aceptamos que nuestra supervivencia está ligada a la de todo lo vivo. La columna que escribí y borré tantas veces solo quería decir esto: ¡Hay que verdaderamente unirnos, ya basta!

Como siempre los invito a reflexionar y hoy más que nunca a tomar acción.

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