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Por Citlali Guerrero
Acapulco, Guerrero.- El trabajo visual de Manuel Maciel dialoga con el humor y el sarcasmo en medio de una estela de apatía, violencia y dolor, porque nada de lo humano es ajeno al humor. En esa tensión entre risa y herida se instala su apuesta estética: mirar el dolor sin renunciar a la carcajada.
En La República, el filósofo griego Platón, imaginó una ciudad ideal en la que los poetas debían ser expulsados, pues no le gustaba su capacidad para alterar el orden de la polis. Muchos siglos después, ese viejo sueño filosófico parece encontrar ecos inesperados: no en la expulsión física de los artistas, sino en un mecanismo más sutil: el del silencio y la indiferencia institucional. Por eso esta exposición —que ojalá logre itinerar por todas las regiones del estado— es "un acto político", como lo entiende el propio Maciel.
En este contexto y en esta contemporaneidad, el arte debe entenderse también, como una afirmación de diversas presencias estéticas y territoriales, es decir, en la mirada clara de los artistas de Guerrero, recordándonos que allí donde el poder prefiere silencio, el arte insiste en hablar.
El arte en Guerrero está en movimiento, pero es el arte que se produce desde la comunidad, las más de las veces a contracorriente de la apatía institucional y de la ausencia de políticas culturales sin una pista de aterrizaje clara, común, equitativa y bien distribuida. Mientras el Estado mira a los aplausos fáciles, los artistas siguen produciendo, imaginando, incomodando.
Maciel, tiene el don de la autenticidad y siempre ha tenido una mirada visionaria, por eso logra combinar arte escénico, cultura popular, humor y violencia. Su obra se mueve en ese territorio híbrido donde el teatro, el clown, la cartonería y el arte popular y conceptual dialogan con la memoria colectiva de Guerrero. Ese es el gesto que propone: poner en el mismo plano el dolor cotidiano y el chiste; la risa y la denuncia; el arte y la política.
El mes pasado tuve la oportunidad de visitar el Bar del Puerto, durante los últimos días de la exposición La memoria de los objetos de Manuel, quien a sus 60 años decidió realizar su primera exposición plástica combativa y en resistencia, como lo ha sido a lo largo de su trayectoria en el teatro y el clown.
No es, sin embargo, la primera vez que se acerca a las artes visuales. A principios de los años noventa tuvo algunos acercamientos con la plástica a través del finado pintor calentano Javier Mariano. Hoy, casi 30 años después, vuelve a ese territorio con la misma herramienta que ha definido su carrera: el humor.
Para Luis Vargas, curador de la exposición, “el arte de Manuel Maciel, desde el chiste, construye una crítica sobre aquello que nos está ocurriendo como sociedad. Cuando el espectador observa una pieza, debe recordar que toda pintura comienza desde cero, pero que la intención —la idea que la sostiene— ya es en sí misma poderosa. El chiste visual se articula con una lógica cercana al stand up. La carcajada estalla incluso en las fichas que acompañan a las obras. No son una referencia técnica: son una extensión conceptual de la pieza”.

Entre las piezas de esta exposición destacan Toro musical, una artesanía montada en plástico que funciona como metáfora de la política cultural guerrerense; En cuatro T, que dialoga con la coyuntura política nacional; y Toma tu voto, elaborada con fomi sobre hule espuma, donde aparece el hartazgo político como materia estética.
Una de las piezas más duras es Avioncito 183. La obra remite a un registro público de la Secretaría de Gobernación sobre víctimas de los llamados vuelos de la muerte: personas que salían desde Pie de la Cuesta para ser arrojadas al mar durante la guerra sucia. Vuelos ordenados por el exgobernador Rubén Figueroa Figueroa, a quien a finales del año pasado, la secretaría de Cultura le rindió un homenaje.
Porque “el dolor aparece también como máscara”. Insistimos, ojalá esta exposición provocadora, logre hacer una itinerancia, desde la comunidad, en el estado de Guerrero. ¿Qué municipio se anota a recibirla?