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México.- La escena ocurrió en San Quintín y no necesitó micrófonos: bastó un gesto de fastidio de la Presidenta Claudia Sheinbaum para exhibir la distancia entre la clase política y la realidad que dice representar. El video se viralizó. En él, la mandataria llama la atención a diputados locales de Baja California que, tras recorrer una de las zonas más pobres del estado, parecían más interesados en la foto que en el diagnóstico.
Ayer, Sheinbaum intentó bajar la intensidad del episodio. Negó que se tratara de un simple regaño, aunque aceptó que fue un llamado firme. El contexto, dijo, lo ameritaba.
San Quintín, recordó, es un municipio joven —apenas reconocido como tal— y enorme: casi 500 kilómetros de extensión. También es una región marcada por décadas de explotación agrícola, sostenida por jornaleros migrantes e indígenas que han trabajado históricamente sin derechos laborales plenos.
La Presidenta describió un paisaje conocido pero persistente: pobreza, precariedad, viviendas sin regularizar y jornadas laborales que superan las ocho horas, con pagos a destajo que ni siquiera alcanzan el salario mínimo. Trabajo infantil, exposición a plaguicidas y abandono institucional forman parte del expediente.
En ese contexto, explicó Sheinbaum, resultó disonante que algunos legisladores buscaran una postal política.
“No iba una cosa con la otra”, dijo. La imagen de la Presidenta contrastaba con las condiciones que acababa de constatar en territorio.
El reclamo fue directo: menos curules, más campo; menos ciudad, más comunidad. Un mensaje que, aunque envuelto en retórica de unidad, evidenció la incomodidad del Ejecutivo frente a una clase política que suele administrar la pobreza desde lejos.
Sheinbaum reiteró que el Gobierno federal dará continuidad al Plan de Justicia para San Quintín, heredado del sexenio anterior, con promesas conocidas: ampliación de hospitales, mejoras en escuelas, nuevas preparatorias, calles rehabilitadas y un centro integrador del Gobierno federal. Entre los anuncios, destacó la instalación de un centro de justicia laboral para atender violaciones a derechos de los jornaleros.
Aun así, el momento dejó una lectura clara: el poder no siempre soporta verse reflejado en la miseria que administra. Y cuando la realidad se impone, ni la foto alcanza.
El llamado, insistió la Presidenta, no demerita el trabajo legislativo. Pero el mensaje quedó flotando: en San Quintín —y en muchos otros territorios— la política sigue llegando tarde, mal y buscando encuadre.