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Ciudad de México.– A unos días de que Morena defina qué perfiles avanzarán a la siguiente etapa del proceso interno para la designación de las y los coordinadores de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional en las 17 entidades donde habrá elecciones para renovar gubernaturas en 2027, la dirigencia nacional ha enviado dos mensajes complementarios.
Por un lado, Citlalli Hernández ha llamado a las y los aspirantes a privilegiar la unidad y evitar que las diferencias internas se trasladen al espacio público. Por el otro, Ariadna Montiel ha reiterado que la encuesta seguirá siendo vinculante, pero ya no bastará por sí sola para obtener una candidatura, pues quienes aspiren a representar a Morena deberán superar nuevos filtros de integridad, trayectoria política y comportamiento ético.
En entrevista con Fórmula Noticias, Citlalli Hernández pidió a las y los aspirantes no complicar el proceso interno con confrontaciones públicas.
"Lo que estaría pidiendo es que no compliquemos el proceso en lo público, porque una cosa es lo que dialogamos en la cotidianidad y luego se interpretan cosas distintas en lo público", señaló.
Al ser cuestionada sobre si la encuesta será vinculante para designar a quien encabezará los trabajos políticos en las 17 entidades donde habrá elección de gobernador o gobernadora en junio de 2027, respondió que el método aprobado por Morena sigue siendo la encuesta y que su resultado será vinculante.
Durante la misma entrevista dejó abierta otra posibilidad: que pudiera construirse una candidatura de consenso, siempre que existiera el acuerdo unánime de todas y todos los aspirantes inscritos.
Es decir, Morena mantiene dos escenarios: que prevalezca el resultado de la encuesta acompañado de los nuevos filtros establecidos o que, antes de llegar a esa etapa, pueda construirse una candidatura de consenso.
¿Unidad con exclusiones?
Sin embargo, ese escenario de unidad y consenso parece difícil de materializar en Guerrero.
La unidad no se decreta; se construye. Y, hasta ahora, ni Ariadna Montiel ni Citlalli Hernández han realizado acciones visibles para propiciarla en la entidad.
Ejemplo de ello fue lo ocurrido el 12 de junio, cuando únicamente fueron convocados 10 de los 21 aspirantes registrados en el proceso interno a una reunión organizada por Sebastián Ramírez, entonces delegado político de Morena en Guerrero y, al mismo tiempo, funcionario del Gobierno federal.
Aquella reunión dejó varias interrogantes. ¿Por qué no fueron convocados todas y todos los aspirantes? ¿Con qué criterio se realizó la selección? ¿Cómo construir confianza cuando el primer mensaje fue de exclusión?
A ello se sumó el intento de impedir el acceso de los medios de comunicación al hotel donde se desarrolló el encuentro, evitando que se documentara la presencia de Sebastián Ramírez en su calidad de delegado político de Morena durante un día y horario laborables como funcionario del Gobierno federal, hecho que propició que la presidenta Sheinbaum le llamara la atención a Sebastián y su posterior relevo como delegado político de Morena en Guerrero.
En ese contexto, la posibilidad de que en Guerrero pueda construirse una candidatura de consenso, como lo planteó Citlalli Hernández, luce poco probable.
Unidad hacia afuera; filtros hacia adentro
Es claro que Morena quiere evitar a toda costa que el proceso se salga de control y para cuidarlo ha optado por conducirlo sobre dos ejes: mantener la cohesión política del movimiento y, al mismo tiempo, fortalecer los mecanismos para la selección de candidaturas.
Recordemos que en 2021, el partido evaluó a sus aspirantes con base exclusivamente a sus estatus: la ausencia de promoción anticipada, la no confrontación entre compañeros, el derecho de admisión, la honestidad, la disciplina, el trabajo territorial, el arraigo ciudadano, la identidad con la Cuarta Transformación, la cercanía con el pueblo, los resultados en responsabilidades públicas, la capacidad de organización y la construcción de consensos.
En cambio ahora, la presidencia nacional de Morena, Ariadna Montiel ha reiterado que quienes aspiren a una candidatura deberán superar nuevos filtros relacionados con su trayectoria política, comportamiento ético, trabajo dentro del movimiento, honestidad.
A ello se suma la denominada "prueba de ácido", un mecanismo adicional de revisión patrimonial, fiscalización y evaluación de integridad que Morena aplicará antes de definir a sus candidatas y candidatos.
Incluso, Ariadna Montiel explicó que quienes finalmente sean designados como candidatos o candidatas deberán superar un último filtro consistente en una investigación a cargo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana para descartar cualquier vínculo con la delincuencia organizada antes de su registro formal.
Morena ha entrado en la cuenta regresiva rumbo a 2027. Citlalli Hernández y Ariadna Montiel tienen la responsabilidad de conducir un proceso interno que definirá el futuro político de 17 estados y el futuro del movimiento para el 2030 y Guerrero vuelve a ser una prueba de fuego. No sólo por la competencia entre sus aspirantes, sino porque, en el nuevo contexto nacional, el partido no puede darse el lujo de cometer errores en una entidad colindante con Morelos, donde el Gobierno federal ha emprendido una amplia operación contra presuntas redes de autoridades vinculadas con la delincuencia organizada.
Bajo esa lógica cobra relevancia la visita que la presidenta Claudia Sheinbaum realizó recientemente a Acapulco y las reuniones privadas que sostuvo con diversos actores políticos. El tiempo dirá si el mensaje de unidad y los nuevos filtros bastan para evitar que uno de los estados más estratégicos para Morena llegue fracturado a la definición de las candidaturas.