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Nueva York.- Estados Unidos negó este lunes ante el Consejo de Seguridad de la ONU estar en guerra “contra Venezuela” y descartó que la detención de su presidente, Nicolás Maduro, y la posterior decisión de gobernar el país hasta que se produzca una transición política suponga una ocupación.
“No hay ninguna guerra contra Venezuela ni contra su pueblo. No estamos ocupando ningún país”, aseguró el embajador estadounidense, Mike Waltz, al defender la operación que culminó con la captura del mandatario venezolano.
Waltz calificó a Maduro de “narcotraficante” y sostuvo que será juzgado por tribunales estadounidenses por delitos cometidos contra ciudadanos de su país durante los últimos 15 años. “Maduro no es solo un narcotraficante acusado. Era un presidente ilegítimo. No era un jefe de Estado”, afirmó, cuestionando la legitimidad del gobierno venezolano y comparando su estatus con el de un criminal común, no con el de un líder soberano.
El embajador responsabilizó a Maduro y “sus compinches” de manipular el sistema electoral para perpetuarse en el poder. Además, cuestionó a la ONU al plantear que “si se confiere legitimidad a un narcoterrorista ilegítimo de la misma forma que a un presidente democrático, ¿qué tipo de organización es esta?”.
Estas declaraciones contrastaron con las críticas de delegados de países como Colombia, China y Rusia, quienes cuestionaron la operación estadounidense y su impacto sobre la soberanía y estabilidad de la región.
Según Waltz, la detención de Maduro fue una “acción policial” ejecutada bajo la responsabilidad del presidente de EE. UU. para proteger a sus ciudadanos de un fugitivo “directamente responsable del narcoterrorismo que ha causado la muerte de miles de estadounidenses”. También afirmó que Trump le ofreció a Maduro “múltiples salidas” por vías diplomáticas antes de recurrir a la fuerza.
El representante estadounidense insistió en que la acción busca garantizar un “futuro mejor para el pueblo venezolano”, estabilizar la región y proteger la seguridad de los vecinos. “Estados Unidos no vacilará en sus acciones para proteger a los estadounidenses del azote del narcoterrorismo y busca la paz, la libertad y la justicia para el gran pueblo de Venezuela”, concluyó.
Un mensaje de intervencionismo encubierto
Aunque EE. UU. presenta la operación como una lucha contra el narcotráfico y un esfuerzo humanitario, la acción plantea interrogantes sobre la soberanía venezolana y el papel del Consejo de Seguridad de la ONU frente a la violación de normas internacionales. La detención de un mandatario en funciones por fuerzas extranjeras, aun bajo argumentos legales, configura un precedente de intervención directa, donde la justificación antinarcóticos se superpone a intereses geopolíticos y económicos en la región.
Expertos consultados por medios internacionales han advertido que estas operaciones —presentadas como “acciones policiales”— suelen ser parte de estrategias más amplias para controlar gobiernos, recursos estratégicos y mercados energéticos, planteando riesgos para la estabilidad política y social de los países intervenidos.