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Nueva York.- La detención de Cilia Flores, esposa del presidente venezolano Nicolás Maduro, ha generado condena internacional. Durante su audiencia en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, Flores apareció con hematomas debajo del ojo, una venda en la frente y apoyándose en un alguacil federal, evidenciando las lesiones sufridas durante su captura en Caracas por fuerzas estadounidenses.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó el caso como un secuestro arbitrario, cuestionando que se la acuse únicamente por su vínculo familiar con Maduro y comparando la acción con doctrinas históricas de persecución colectiva. “¿Esa barbarie qué es?”, escribió en X, preguntando también: “¿Dónde está el feminismo mundial?”.
La operación militar, que incluyó ataques en Caracas y varios estados, ha sido calificada por el gobierno venezolano como una agresión destinada a apoderarse de los recursos estratégicos del país, especialmente petróleo y minerales, y a quebrar su independencia política. Mientras tanto, Maduro se declaró inocente ante los cargos de narcoterrorismo, y Delcy Rodríguez juró como presidenta encargada.
Analistas y líderes internacionales, incluidos representantes de Rusia, han repudiado la acción y exigido la liberación inmediata de Maduro y su esposa, denunciando que Estados Unidos sobrepasó todos los límites legales y humanitarios. Para muchos, la imagen de Flores golpeada y humillada en un tribunal estadounidense simboliza el costo humano de una política exterior basada en el poder militar y el control geopolítico, más que en la justicia.