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Arriaga se niega a dejar el cargo y exhibe una ruptura de enfoque en la política educativa

Resistencia al relevo y cambio de narrativa: el pulso educativo tras la salida de Arriaga

Marx Arriaga no acepta su distitución

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La negativa de Marx Arriaga Navarro a dejar la Dirección General de Materiales Educativos, pese a que la Secretaría de Educación Pública confirmó su relevo, convirtió un movimiento administrativo en una señal política de mayor calado.

Arriaga afirmó no haber recibido notificación formal de su salida y anunció el día de hoy una jornada de 24 horas de “protesta con propuesta” para defender los libros de texto gratuitos elaborados durante su gestión. En su mensaje dejó claro que permanecería en su oficina hasta que se le comunicara oficialmente su situación.

Su posicionamiento no fue neutro: defendió sin matices el modelo construido durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, reivindicando el proyecto educativo impulsado bajo ese liderazgo.

Dos días después de su despido y sin referirse directamente a la gestión de Marx Arriaga, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que la Nueva Escuela Mexicana continuará, pero con ajustes orientados a fortalecer la inclusión de las mujeres en la narrativa histórica nacional.

Mientras la nueva administración plantea una actualización con mayor énfasis en perspectiva de género y visibilización femenina, Arriaga sostuvo que los contenidos diseñados durante el periodo anterior no deberían modificarse.

En los hechos, su discurso reivindica el liderazgo político y pedagógico del obradorismo como marco de referencia, sin incorporar públicamente la orientación anunciada por la actual presidenta. Esa omisión es políticamente significativa en un contexto de consolidación del segundo piso de la Cuarta Transformación que pretende la presidenta.

Además, su nombramiento nunca fue ajeno al entorno intelectual del sexenio anterior. Arriaga fue alumno de Beatriz Gutiérrez Müller, quien participó activamente en la definición cultural del proyecto educativo y fue señalada como una de las impulsoras de su llegada al cargo. Esa relación refuerza la lectura de continuidad ideológica con el diseño original de la Nueva Escuela Mexicana.

Por ello, el episodio no se reduce a una destitución administrativa. Refleja el momento en que un proyecto educativo asociado al liderazgo de López Obrador enfrenta la redefinición impulsada por la primera mujer en la Presidencia.

La negativa a dejar el cargo y la convocatoria a protesta no solo expresan inconformidad personal; evidencian la tensión propia de una transición donde el liderazgo simbólico y las prioridades narrativas están cambiando.

En el fondo, la discusión es clara: continuidad cerrada del modelo anterior o actualización bajo una nueva conducción política con perspectiva de género.

Y en esa diferencia de visión se juega algo más que un nombramiento, ya que no es menor la diferencia de enfoques y la disputa del liderazgo político.

Aquí los cambios que ha planteado Angélica Noemí Juárez Pérez,  Subsecretaria de Educación Básica en la Secretaría de Educación Pública:

  1. Actualización de contenidos: Corrección de errores y omisiones detectadas en los materiales tras su implementación.
  2. Eliminación de la carga política: Críticos y parte de la estructura de la SEP han impulsado que se reduzcan las consignas políticas y se enfoque más en los aprendizajes académicos.
  3. Mayor pluralidad: Se ha exigido que los libros ofrezcan una visión plural y libre de "adoctrinamiento", cambiando la perspectiva única que Arriaga defendía.
  4. Ajustes técnicos: Mejoras en la didáctica y secuenciación de los proyectos, buscando un mayor rigor educativo. 

A estos cambios se suma los anunciados el día de ayer por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en el sentido de incluir a las mujeres en el calendario cívico y su participación en la historia de México.

Hasta el momento Marx Arriaga no se ha referido en ningún sentido a la presidenta Sheinbaum.

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