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Teherán.- La respuesta no se hizo esperar. Tras el ataque israelí al centro petroquímico de Asaluyé, el Ejército de Irán ha lanzado una operación "a gran escala" que demuestra que nadie en la región está fuera de su alcance. El mensaje de Teherán es claro: si su economía sufre, la de sus enemigos también.
- Venganza en el desierto: Drones iraníes golpean el complejo químico de Dimona en Israel, vital para la maquinaria militar de Netanyahu.
- Bases de EE. UU. bajo fuego: Ataques directos contra instalaciones clave en Dubái (Jebel Ali) y Kuwait ponen en alerta máxima a las tropas estadounidenses.
- Guerra naval: Un proyectil alcanza a un buque mercante cerca de la isla de Kish, aumentando el caos en la ruta petrolera más importante del mundo.
Ojo por ojo: el contraataque de Teherán
- Israel: El blanco fue Dimona, el corazón químico en el desierto del Néguev, fundamental para el sostenimiento militar del país.
- Emiratos Árabes: Un golpe quirúrgico al puerto de Jebel Ali, el centro logístico y de reparación más grande para la flota de EE. UU. en la región.
- Kuwait: La base aérea Ahmed Al Jaber, hogar de la 332ª Ala de la Fuerza Aérea estadounidense, también sintió el impacto de los drones.
¿Negociación o aniquilación?
Este estallido de violencia ocurre a contrarreloj. El plazo dado por Donald Trump para un acuerdo está por expirar, y con el Estrecho de Ormuz convertido en un campo de batalla, la posibilidad de un pacto parece desvanecerse. Mientras un buque mercante arde cerca de la isla de Kish, la pregunta ya no es si habrá guerra, sino qué tan lejos llegará esta noche.