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(Semblanza)
Formador de varias generaciones de teatreros mexicanos, el dramaturgo, narrador y artista plástico Antonio González Caballero es recordado como un hombre entusiasta que se interesó mucho por la preparación actoral y creó un método propio de actuación que exploró a lo largo de 35 años.
Preocupado siempre por mantener la excelencia del teatro mexicano, a partir de la docencia, a González Caballero se le reconoce también porque conocía y entendía como pocos, a Anton Chéjov, a los griegos y a la poesía china.
De acuerdo con información del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), González nació en San Luis Potosí, el 4 de julio de 1931.
Con pocos datos sobre sus primeros años de formación, se sabe que primero fue conocido como pintor y que en 1960 inició su carrera profesional como dramaturgo, con el estreno de su comedia “Señoritas a Disgusto”.
La poca información disponible destaca que durante 32 años mantuvo un taller dedicado a la exploración de la actuación, donde puso a prueba el Método de actuación de González Caballero, aunque también fue creador de otros métodos que apoyan al actor en su trabajo sobre la escena.
También se sabe que fue profesor de teatro en la ANDA, el INBA, la ENEP–Cuautitlán y la escuela de Emilia Carranza.
Páginas electrónicas como “arts-history” recuerdan que por su trayectoria fue homenajeado en el Festival de Teatro de Tampico, Tamaulipas, en 1984, y en 1989 recibió el Premio Nacional de Literatura “Juan Ruiz de Alarcón”, por su trayectoria.
En 1992 recibió un homenaje más, ahora en el Centro de Arte y Teatro Emilia Carranza.
Becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), en dramaturgia, de 1990 a 1991, ingresó al Sistema Nacional de Creadores Artísticos (SNCA) en 1994.
Algunas de sus obras han sido incluidas en varias antologías, traducidas a diversos idiomas, representadas en varios países, filmadas y presentadas en televisión.
Entre ellas, destaca “Las vírgenes prudentes” (1969), que trata sobre tres hermanas Espejo, una de ellas tiene un desliz y queda embarazada, entonces las trillizas acuden a su astuta madrina Apolonia en busca de consejo, suscitándose una serie de peripecias.
Otras obras importantes de él son: “Una pura y dos con sal”, “El medio pelo”, “Los jóvenes asoleados”, “Tres en Josafat”, “La ciudad de los carrizos”, “Aguilar Teatro Mexicano”, “Asesinato imperfecto”, “La noche de los sincalzones”, “Los amorosos amorales”, “La maraña” y “Plop o Cómo escapar de la niebla”.
Alumnos de él, como Ximena Escalante, lo han recordado como un hombre con un agudo sentido del humor y una singular manera de vincularse con los teatristas. Un hombre discreto, un tanto “escondido”.
En 2013, a 10 años de su muerte, diversas instituciones y colegas le rindieron homenaje con la puesta en escena de cinco montajes, algunas lecturas dramatizadas, una exposición y la presentación de un libro.
“Antonio González Caballero estudiaba sin descanso, no presumió su currículum ni su obra nunca, no habló nada de su vida personal y tampoco habló mal de los otros, cosa rara en el ámbito teatral, recordó Ximena Escalante, a unos días de la muerte de Caballero, ocurrida el 13 de mayo de 2003. (Notimex)