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Por Eduardo Serna
Opinión.- A poco más de un año de haber asumido la presidencia, Donald Trump ha provocado un reacomodo en el escenario internacional que ha tensado el orden global hasta escenarios de posible confrontación nuclear, particularmente tras su incursión en Oriente Medio y el conflicto que involucra a Israel e Irán.
Este contexto ha reavivado cuestionamientos sobre la efectividad de las instituciones internacionales, la estabilidad económica mundial y la relación de México con su principal socio comercial y político.
En este periodo, se han expuesto las limitaciones de un sistema global que durante décadas se presentó como basado en leyes, cooperación democrática y equilibrios económicos.
La percepción de una supuesta amistad estratégica entre México y Estados Unidos también ha sido puesta en duda, en medio de discursos y advertencias sobre seguridad, narcotráfico y posibles escenarios de intervención.
Instituciones internacionales pierden peso ante conflictos nucleares
Tras la Segunda Guerra Mundial, organismos como la ONU, OMS, UNESCO y otras instancias multilaterales surgieron con el objetivo de evitar nuevos conflictos globales y garantizar la paz, los derechos humanos y la resolución diplomática de disputas.
En sus primeros años, contribuyeron a la reconstrucción de un sistema internacional marcado por la devastación en Europa y los bombardeos nucleares en Japón.
Sin embargo, durante la Guerra Fría, el enfrentamiento entre bloques ideológicos derivó en conflictos indirectos y mantuvo vigente la amenaza nuclear.
Con el paso del tiempo, se consolidó la percepción de que estas instituciones, financiadas principalmente por potencias occidentales, tendían a favorecer determinados intereses geopolíticos.
Hoy, en medio de la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, sus resoluciones son vistas como limitadas o irrelevantes frente al peso estratégico de países con arsenal nuclear.
En ese escenario, la capacidad de disuasión militar parece imponerse sobre los mecanismos diplomáticos tradicionales.
Tensiones económicas y advertencias sobre la relación México-EE.UU.
El conflicto en torno al estrecho de Ormuz ha evidenciado la fragilidad de la economía global, dependiente de rutas físicas clave para el tránsito de recursos energéticos.
Este punto geográfico, considerado vital para el comercio petrolero, ha adquirido protagonismo como factor de riesgo para la estabilidad financiera internacional.
La volatilidad no se explica solo desde los centros bursátiles o financieros, sino desde los territorios donde se transportan materias primas esenciales.
En paralelo, el discurso político estadounidense ha intensificado advertencias relacionadas con el narcotráfico y el fentanilo, así como la clasificación de grupos criminales como amenazas equiparables al terrorismo.
Estas posturas han alimentado preocupaciones sobre posibles escenarios de intervención o presión hacia México.
Bajo esta óptica crítica, se plantea que la política exterior estadounidense responde principalmente a intereses estratégicos y económicos, independientemente de los cambios partidistas.
En este contexto global marcado por conflictos regionales, tensiones comerciales y redefiniciones de alianzas, especialistas y analistas coinciden en que los marcos tradicionales de interpretación geopolítica enfrentan nuevos desafíos.
La incertidumbre sobre el rumbo de las relaciones internacionales y la estabilidad económica obliga a gobiernos y sociedades a prepararse ante escenarios considerados, hasta hace poco, improbables.
Las opiniones expresadas en artículos y columnas son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de este medio noticioso.