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Ciudad de México.- El discurso sobre las llamadas “pensiones doradas” cambió de tono, ya no se habla de privilegios intocables, sino de recortes inmediatos.
La presidenta Claudia Sheinbaum puso cifra al ajuste, quienes antes cobraban montos que podían rozar el millón de pesos mensuales ahora quedan en un promedio cercano a los 70 mil.
La medida no esperó. Entró en vigor en cuanto apareció publicada el 10 de abril en el Diario Oficial de la Federación, cerrando de golpe un esquema que durante años permitió pagos muy por encima del estándar nacional.
Recorte exprés a privilegios
Sheinbaum planteó el cambio con una comparación directa, ningún beneficiario puede recibir más de la mitad del salario presidencial. Ese tope es el que fija el nuevo promedio. Bajo esa lógica, casos extremos pasaron de cifras millonarias a un límite que, aunque alto, queda lejos de los excesos anteriores.
El contraste que eligió no es casual. La presidenta recordó que, si decide retirarse al finalizar su mandato en 2030, su pensión rondaría los 30 mil pesos mensuales. Mencionó también que el exmandatario Andrés Manuel López Obrador percibe cerca de 28 mil.
Brecha frente al promedio nacional
El argumento central del gobierno se sostiene en otra cifra, el salario promedio de los trabajadores registrados ante el IMSS, que ronda los 18 mil pesos al mes. En ese contexto, los 70 mil pesos —ya recortados— siguen estando por encima de lo que gana la mayoría.
La narrativa oficial insiste en que, pese a los ajustes, las pensiones continúan siendo “dignas”. Pero también deja claro el mensaje político, los beneficios extraordinarios quedaron fuera del nuevo marco.
El rediseño no elimina la desigualdad en el sistema de pensiones, pero sí redefine el techo de lo que el Estado está dispuesto a pagar. Y lo hace con un criterio que busca ser más fácil de explicar que de debatir: nadie por encima de la mitad del salario presidencial.