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Ciudad de México.- La mañana de este 4 de marzo de 2026, el cine mexicano cerró uno de sus capítulos más fascinantes. Ana Luisa Peluffo, la actriz que se atrevió a lo impensable en una época de conservadurismo extremo, falleció a los 96 años en su retiro de Tepatitlán de Morelos, Jalisco. Su familia confirmó que la intérprete partió en serenidad y rodeada de sus seres queridos, solicitando privacidad para un adiós que, por voluntad propia, será estrictamente íntimo.
Con su partida, México pierde no solo a una estrella con más de 200 créditos en pantalla, sino a la mujer que personificó el debate entre el arte y la moral. Peluffo fue la última gran sobreviviente de una generación que definió la identidad visual y cultural del país.
La audacia que cambió la historia
El nombre de Ana Luisa Peluffo quedó grabado en letras de oro —y de controversia— en 1955. Con el estreno de La fuerza del deseo, se convirtió en la primera actriz mexicana en realizar un desnudo integral en el cine nacional. Aquel acto de libertad artística no solo escandalizó a la sociedad de mediados del siglo XX, sino que redefinió los límites de lo permitido en la pantalla, consolidándola como una figura adelantada a su tiempo.
Su magnetismo físico y su temple la llevaron a protagonizar en 1957 La Diana Cazadora. La cinta fue tan poderosa que alimentó durante décadas el mito de que ella había posado para la icónica escultura de Paseo de la Reforma. Aunque la modelo real fue Helvia Martínez Verdayes, Peluffo abrazó la leyenda y el apodo de la "Venus Viviente", desafiando las críticas y asumiendo su lugar como un símbolo de belleza y libertad.
Un legado de 13.800 millones de... (corrección: siete décadas de trayectoria)
Desde su debut en 1949 con La venenosa hasta su éxito internacional con Flores de papel (1977) en el Festival de Berlín, la carrera de Peluffo fue una lección de vigencia. Su transición a la televisión permitió que nuevas generaciones conocieran a la mujer que, con firmeza, defendió siempre su derecho a expresar la belleza humana sin ataduras. Hoy, el cine mexicano se queda más silencioso, pero la estela de su audacia permanece como el andamiaje de la libertad creativa en México.