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Por: Miguel Bento de Espinosa Marqués
Opinión.- Un inicio de semana violento en Acapulco ha puesto, una vez más, en jaque a las autoridades municipales, estatales y federales.
De nuevo el transporte público en el centro del problema, pero ahora con civiles de por medio.
Al día de hoy, martes 17 de marzo, van cuatro personas asesinadas en distintos hechos, aunque la cifra podría aumentar al cierre de esta columna.
El caso no es menor. Las manifestaciones no se han hecho esperar, pues el transporte público de la zona poniente del puerto se paralizó.
La protesta está en la calle; las balas y los muertos, también.
La narrativa establecida desde la federación, de que las ejecuciones van a la baja, no basta.
No es suficiente presentar cifras alegres cuando cualquiera puede prender fuego a una URVAN en la colonia Jardín Azteca, con todo y usuarios dentro. Nadie se salva.
El chofer quedó calcinado. Otros más, al parecer militares, resultaron con quemaduras.
El fuego cala y quema en lo más hondo de los acapulqueños: su seguridad.
Nadie puede ir tranquilo a su lugar de trabajo.
La crisis ocurre en medio de cambios en la seguridad municipal.
Tras la salida del secretario Eduardo Bailleres Mendoza, asumió el cargo Federico Argumedo Rodríguez dentro del gabinete de la alcaldesa Abelina López Rodríguez.
Un exsecretario de Seguridad municipal nos comenta que el nuevo integrante del gabinete forma parte del equipo de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad federal. Pero con eso no basta.
“No es de gran perfil, pero es trabajador. El problema no es a quién nombran en Acapulco; así traigan a Tom Cruise, (el actor principal de Misión Imposible), el problema está en el gobierno”, dijo la fuente.
Coincido en que no se trata de nombres ni de personalidades.
Se trata de acciones concretas para abatir los índices de inseguridad en Acapulco y en todo México.
Acapulco es apenas un botón de muestra de todo el mal que aqueja a la entidad y al país.
Lo verdaderamente grave es que la violencia empieza a sentirse como paisaje cotidiano.
Eso del trabajo conjunto y la coordinación no puede ser mero panfleto.
Debe reflejarse ahí donde camina la gente, donde toma su camión o su URVAN, en el patio de su casa.
Marejadas Omar García Harfuch se reunió en Washington con el titular de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), Terrance Cole.
¿De qué hablaron?
“En Washington D.C. asistí en representación del Gabinete de Seguridad para dialogar con el director de la DEA, Terrance Cole, sobre la importancia de fortalecer la cooperación bilateral para combatir el narcotráfico, frenar el tráfico de armas hacia nuestro país y disminuir la violencia con detenciones relevantes”, informó México.
Por su parte, la DEA publicó: “El administrador Cole, durante una visita con Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, discutió la colaboración transfronteriza en la lucha contra el narcotráfico y la creación de comunidades más seguras a ambos lados de la frontera”.
Las versiones oficiales hablan de cooperación y coordinación.
Pero detrás de los comunicados hay una realidad menos cómoda: Estados Unidos quiere resultados, operaciones y detenciones concretas.
En ese tablero, México ya no juega solo. Y cuando la presión viene de fuera, las decisiones dejan de ser únicamente políticas para convertirse en urgentes.
La pregunta es si el gobierno mexicano actuará por convicción… o por presión.
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