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Ciudad de México.- En el mercado de valores de la política mexicana, hay activos que se deprecian rápido, y luego está Sergio Mayer. El actor, productor y legislador de tiempo parcial ha anunciado su intención de reincorporarse a la Cámara de Diputados, demostrando que, para él, el Congreso de la Unión es simplemente otro set de grabación, aunque con mejores prestaciones y menos cámaras de 24 horas (por ahora).
Tras un breve pero lucrativo "exilio voluntario" en La Casa de los Famosos, donde su principal aporte al debate público fue la gestión de conflictos de convivencia y el diseño de estrategias de nominación, Mayer se siente listo para retomar las leyes. Al parecer, legislar para 130 millones de mexicanos es el spin-off que su carrera necesitaba después de ser "eliminado" por el juicio de la audiencia... y de su propio partido.
Entre el aplauso y la tesorería
Fuentes cercanas a la lógica del "oportunismo de oro" sugieren que el regreso de Mayer no responde a una urgencia por dictaminar iniciativas pendientes —de las cuales su expediente suele mostrar una envidiable limpieza de contenido—, sino a la estabilidad del flujo de caja que ofrece San Lázaro.
"Yo hice las cosas con ética, con profesionalismo y con respeto hacia el público", afirmó Mayer, confundiendo aparentemente el quórum legislativo con un panel de críticos de televisión.
Para los analistas, la "ética" de Mayer parece ser una materia prima altamente maleable. Pidió licencia para buscar un maletín de premios en un programa de telerrealidad y ahora, con la misma soltura con la que promociona productos de belleza, busca recuperar su curul. Sin embargo, su "portafolio político" enfrenta una baja calificación: Morena ha suspendido sus derechos partidistas, dejando al diputado en un limbo que podría obligarlo a cotizar como "legislador independiente".
¿Servidor público o agente libre?
El mercado político observa con escepticismo este movimiento. Si bien Mayer asegura que su ausencia se dio bajo "cauces institucionales", la realidad es que su compromiso con la ciudadanía parece tener el mismo peso que un guion de telenovela de los años noventa: es predecible, carece de profundidad y siempre busca el prime time.
Mientras se resuelve si deberá comparecer ante los órganos de "Honor y Justicia" de su partido —un juicio que promete más drama que cualquier final de temporada—, Mayer se prepara para caminar de nuevo por los pasillos del Congreso. No trae propuestas de reforma estructural, pero sí la experiencia necesaria para saber cuándo las cámaras están encendidas.
Al final del día, para el "Diputado Reality", el bienestar de la nación puede esperar; el depósito de la dieta parlamentaria, no.