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El origen del día del estudiante se remonta al año 1929 cuando los estudiantes de la ahora Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se lanzaron a la huelga en favor de la autonomía universitaria.
Después de una serie de eventos y protestas que culminaron en una huelga general, los alumnos fueron agredidos brutalmente por la policía dentro de las instalaciones de la Escuela de Derecho, el día 23 de mayo, por tal motivo los alumnos de esta escuela reclamaron que ese día fuera recordado como el Día del Estudiante en honor a los agredidos y que la plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México fuera llamada Plaza 23 de mayo o del Estudiante.
Un mes después se consiguió la autonomía de esta casa de estudios y con el tiempo en muchos de los estados del país se crearon o se tomaron espacios propicios para la relajación y el estudio y se les denominaron “Jardines del Estudiante”, en honor a esa lucha en pro de la autonomía universitaria. Desde entonces se ha venido celebrando cada 23 de mayo el Día del Estudiante, como un recordatorio de la lucha en pro de una educación más abierta y participativa.
En la actualidad, el panorama de los estudiantes mexicanos no es alentador; muchos estudiantes desertan de las instituciones educativas debido a la pobreza, como en Oaxaca, donde 13 de cada 100 estudiantes de preparatoria; dejan de estudiar, principalmente para trabajar y eso sólo por mencionar el ejemplo de un estado.
Pero también hay otras razones por la cual los estudiantes abandonan la escuela y se debe a la falta de apoyo en el transporte, al ser originarios de núcleos rurales, tienen que caminar por varias horas en caminos peligrosos.
Por otro lado los jóvenes que cursan una licenciatura sólo logran graduarse 25% de ellos.
Estudiosos del fenómeno de deserción señalaron que esto se debe, en parte, a que la universidad no cumple las expectativas de los jóvenes y a que muchos alumnos no estudian en el colegio de su preferencia. Pese a ello, el sistema universitario no asume su responsabilidad y deja la carga de ese fracaso a los alumnos y sus familias.
De los más de 36 millones de jóvenes que habitan en el país, 18.75 por ciento es alumno en la educación superior (normal, profesional o posgrado). La Encuesta Nacional de la Juventud (ENJ) revela que 15 por ciento de quienes asisten a ese nivel acepta que estudia en una escuela que no es de su preferencia, porque no tuvieron otra opción. Lo cual crea cierta frustración en el desarrollo académico. Lo irónico es que muchos jóvenes ven la universidad con desilusión, cuando otros desean ingresar.